Cúcuta,
junio 30 de 2005
Apreciado:
Jorge, Sra. hijos
A continuación encontrarás una lista de quienes fuimos alumnos
del profesor Alfredo
Cañón Sierra en el año 1959, curso ubicado en una casa
del Barrio ?El Tamaco?,
C/ción, y que correspondía al quinto de primaria. Han pasado
ya cuarenta y seis años
desde esa época, tiempo que discurrió como un relámpago
por nuestras vidas y nos
acomoda dulcemente en la primera etapa de la vejez. Es muy probable que
no recuerdes
algunos nombres, situación normal no sólo por la manera tan
veloz como se fueron los
días sino también por la dificultad de volverlos a ver, de
volvernos a encontrar.
Ello, de todas maneras no importa; lo importante está relacionado
a que acudas el
viernes cuatro de noviembre al pueblito tuyo, Convención; un Homenaje
de Gratitud al
profesor Cañón será la primera felicidad de las muchas
que vamos a disfrutar.
Los primeros nueve de la lista
ya lamentablemente fallecieron; los demás quedamos con
vida, cualidad que nos autoriza para las satisfacciones espirituales que
como la del
Encuentro y el Homenaje, tenemos derecho a sentir. El Profesor Cañón,
telefónicamente y con grandes expresiones de gratitud me informó
sobre su asistencia,
incluidas la de su Señora e Hija, desde Nobsa y Bogotá, respectivamente.
El acto se
hará en el Teatro Municipal o en la Casa del Educador a las siete
de la noche del
cuatro de noviembre y con invitados especiales. Habrá palabras alusivas
por parte de
un alumno de la época; también un recital de poemas, canciones
y recuerdos del ayer;
todo en torno a un pergamino que se entregará al profesor y en el
que aparecerán los
nombres de sus antiguos alumnos; después del acto, habrá un
cocktail de Bienvenida
para los asistentes. De acuerdo a esto último, se recomienda tener
en cuenta algunas
cuotas, cómodas por cierto, para cubrir el valor del Pergamino, alquiler
del sonido y
distintas atenciones en el Club.
Otras informaciones: Coordinador
del encuentro en C/ción: Evelio Bayona, tel. 5630327,
(ind. 097) Para tal época, 5 y 6 de nov., Convención celebra
sus años con
interesantes festividades. Hay dos hoteles disponibles: el, Alexandra y
el de la
Casa Pastoral de la Parroquia. Hora de encuentro: 3 p.m. , parque principal.
No
sobra anunciarte que ya he hablado telefónicamente con la gran mayoría;
y todos
estamos de acuerdo en asistir. Ahora sí, estos son los integrantes
de aquel 1959.
FALLECIDOS:
Rafael Assaf, Noel Arturo Navarro, Excel Torrado, Hermes López, Luis
José
Pezzoti, Fernando Rincón-- Javier López, Fernel Quintero,
José Manuel Durán. En paz
descansen
CON VIDA: Iván
Trillos(Bmga); Carmen Elí Patiño(Curumaní); Alfonso
Jaimes
Núñez(Bqlla.); Adriano Manzano(Bqlla.); Emiro Cano(Aguachica);
Henry
Rincón(Maracaibo); Héctor Manuel y Harry Urón(Cúc-Caracas);
Álvaro
Sarmiento(Cúcuta); Oscar Duarte(Bmga.); Evelio Bayona(C/ción)
Francisco
Torres(Cúcuta); Edmundo Sarmiento(Bmga); Napoleón Piñérez(Ocaña);
Miguel
Trujillo(Bogotá); Reinel Osorio(C/ción); Fernelly García(C/ción);
Rogelio
Pérez(Ocaña); Ángel María Gélvez(C/ción);
Enrique Díaz(Valledupar); Daniel
Quintero(Tunja); Reinel Quintero(Sta Marta); Israel Cañas(Bmga);
Luis José Quintero
(Sder); Javier Bayona(Bqlla); Domingo Hernández(Bog.); Jorge Ascanio(Caracas);
Héctor
López(El antioqueño(¿); Alfredo Barriga(Cúcuta).
Si en esta lista falta alguien,
por favor, invítalo. Ella es producto de mi memoria, susceptible
de olvidos.
Con gusto te envío el
original de un ensayo que al respecto escribí en la prensa, LA
OPINIÓN, de Cúcuta, aparecido el 22 de mayo del presente.
Y acude, viejo amigo, se
trata de gratitud, que para el caso es lo mismo que decir, felicidad.
Fuerte abrazo.
Alfredo Barriga Ibáñez
Calle 5 Nº. 7E 62 Barrio Quinta Oriental. Cúcuta
Por favor, confírmame tu asistencia al celular 300 212 0350; o al
fijo 5751154,
(Indicativo,097)
P.D. Esta invitación
es extensiva a todas aquellas personas que quieran participar en
el homenaje al profesor Cañón.
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ALFREDO CAÑÓN
SIERRA; UN EDUCADOR INOLVIDABLE
Por: Alfredo Barriga Ibáñez*
?Después de cuarenta y
seis años y tras de buscarlo por muchas regiones de Colombia,
los alumnos de aquel quinto de primaria de 1959 felizmente volverán
a reunirse con su
antiguo maestro?.
De los diez compañeros que han fallecido, José Manuel Durán
murió como un héroe.
En Barrancas, Guajira, ante la arremetida que por tierras colombianas hiciera
la PTJ de
Venezuela, ?El Ziote?, como así cariñosamente le decíamos
en el aula, por defensa
propia y de la patria se enfrentó con una humilde escopeta. Le dieron;
pero también
dio. Así lo recuerda la revista Cromos en un mes de 1976. Los demás
condiscípulos
fallecidos, seis por cuestiones de la Colombia amarga y tres por causas
naturales,
también hacen parte de la tristeza. Quienes quedamos con vida, veintiséis
de aquel
grupo numeroso, recordamos sus inteligencias, sus cualidades, sus físicos
de pubertad
con que se hicieron eternamente gratos en nuestras memorias. Pezzoti era
flaco,
inmensamente flaco, cada vez que desayunaba dejaba en la comisura de sus
labios una
hebrilla de queso para ocasionar envidia a quienes en esa mañana
no habíamos probado
alimento. El día en que lo mataron, los sicarios sólo movieron
la boca para preguntar
su nombre; de haber usado la visión y el cerebro, se hubieran dado
cuenta que en su
flacura no podían existir los peligros con que le inculpaban la inestabilidad
de su
escuelita, lugar en donde como maestro se desempeñaba. Noel Arturo
Navarro, parecido a
Kico, el del ?Chavo del Ocho?, así como era de alto, era el más
decente del
salón. Toda vez que contestaba a lista, se ponía de pie y
en una flexión de cabeza
que casi tocaba su ombligo, respondía, ?¡Presente, Señor
Profesor!?. Dicen que lo
empujaron; y por el golpe de la nuca ingresó a la muerte. Excel Torrado,
no se sabe
cómo lo hacía en un ambiente de pobres, pero era el mejor
vestido. Sus camisas de
paisajes y pantalones de colores hacían juego con su bucle inmenso,
estirado y
aquietado con ?Brillantina Palmolive? para coquetear el afecto de la que
fue su
único amor en la existencia. Con ella estaba, muchos años
después, en el momento
barranquillero en que por robar su carro, un delincuente le suspendió
la vida. Rafael
Assaf, gracioso como todo bizco. El Prof. Cañón lo colocó
en la primera fila para
que, al quedar más cerca del tablero, pudiera observar mejor las
letras. Una mañana
llegó con gafas oscuras y de aumento; fue el instante más
despreocupado de su
escolaridad, pues había descubierto, según lo gritó
en pleno salón, que el profesor
tenía sólo una nariz. Murió en un accidente automovilístico,
en Cúcuta. Fernando
Rincón poseía inteligencia y físico de Presidente de
la República; pero no hubiera
logrado serlo porque, sencillamente, era muy sabio. Amigos, muertos inolvidables
que
transcurren por la memoria con cualidades divinas, en una época en
que ya nuestras
lozanías también se fueron para siempre.
UN PROFESOR EXCELENTE, COMO PARA LA GRATITUD
Menudo de cuerpo y con bigote
poblado, moreno de los pijaos del Tolima, el profesor
Alfredo Cañón Sierra nació en Icononzo, hermosa población
situada al margen
izquierdo de la vía que de Bogotá conduce a Girardot. En febrero
de 1959 llegó al
umbral de la puerta de nuestro salón; y no fue sino verlo para identificar
que la
cultura también hacía parte de su seriedad, cualidad reflejada
en el rictus de su
rostro, juventud parecida a sus veinticuatro años de existencia y
a un vestido de
paño azul, con corbata roja, el mismo que posiblemente estrenara
dos meses antes, en
los principios de un diciembre en que por costumbre el Instituto Piloto,
en Pamplona,
entregaba sus diplomas a los alumnos que disfrutaban de sus formaciones.
No nos
equivocamos; en su intelecto traía archivado todo un mundo de sapiencias
y
comportamientos adquiridos en una entidad que como la pamplonesa, era ?Piloto?
entre
todas las que funcionaban en éste y en otros países. No hay
que olvidar que dicha
institución fue creada por la UNESCO, con profesores nacionales y
extranjeros de
calidad indiscutible; y tenía como propósito el perfeccionamiento
de ideas
pedagógicas, sociales y agropecuarias adquiridas en pregrados de
antelación. Desde el
comienzo, el profesor Cañón demostró la elocuencia
de sus valores.
Sus clases eran maravillosas.
En ellas se retrataban las influencias de sus maestros,
ornados también con aureolas de la excelencia. En estos momentos
de su vida, el
profesor Cañón debe recordar la sabiduría matemática
de don Antonio Villamizar; la
gramática y literatura de don José María Peláez
Salcedo, escritor de varios libros
y dueño, en su seriedad, de un enriquecido humor. La mañana
en que alguien de su
oficina le reiteró que el Gobernador había prohibido salir
a la calle a tomar tinto,
don José María secamente le contestó: ?Yo no salí
a tomar tinto, yo salí a tomar
gaseosa?; también recordará el profesor Cañón
las clases de anatomía dictadas por
el médico Mario Bernat, Español, de ánimo contagioso,
incluido en las jornadas
deportivas que constantemente solía organizar y suspendido cuando
lamentablemente
sufrió la perdida de su pequeño hijo; recordará las
clases de sicología del
profesor Rubén Darío Hernández; las del profesor Joel
Daza, de cuerpo gigante y
bonachón, de cuyos ojos se salían los conceptos verdes de
la naturaleza traída a sus
clases de topografía; en fin, recordará las personalidades
del mundo académico que
influyeron para que la didáctica de sus alumnos adquiriera visos
de inmortalidad. El
día en que el profesor Cañón ingresó por primera
vez a nuestro salón, ese día
comprendimos que su cultura acompañaría la evocación
del maestro que en el grado
primero nos enseñara a leer.
Alrededor de cinco años
laboró en Convención. Su desempeño no sólo se
ubicó en la
anexa primaria, pues la Normal Rural de la época acogió sus
virtudes para
proyectarlas en aulas en donde sus conceptos literarios, gramaticales, biológicos,
eran reforzados con aquellas lecturas inmensas, constantes y agradables
de los libros
que los estudiantes a menudo maniobrábamos, los contenidos en los
tomos de ?El tesoro
de la Juventud?; desarrollos cotidianos que también se proyectaron
a la comunidad en
la forma de campañas deportivas, teatrales, literarias y de relaciones
humanas muy
fáciles de recordar. El profesor Cañón, en verdad,
trabajó y se fue. Y al perderse
por regiones insondables, en sus alumnos quedó la tristeza de una
lástima que
significó, inolvidablemente, gratitud.
Han pasado cuarenta y seis años;
los alumnos de quinto primaria que encontró en 1959,
ya somos viejos, dulcemente cosechados por el tiempo, por los hijos, nietos
y...
también por sus recuerdos. Desde hace veinte años, un grupo
de los que quedamos vivos
empezó a buscarlo por toda Colombia. Lo averiguamos entre las gentes
conocidas y los
directorios telefónicos del Tolima, de donde era oriundo, de Cundinamarca,
de Boyacá
y de los Santanderes; incluso, recordamos un telegrama enviado a la población
de
Cajamarca que jamás tuvo respuesta. Nunca lo encontramos para ese
entonces. Sólo el
azar estuvo a mi favor y fue en el momento aquel en que, hace pocos meses,
después
del entierro de Javier López, condiscípulo del año
59, un amigo en Curumaní, Cesar,
me expresó: ?¡Yo sé donde está!?. Y fue entonces
cuando, después de hablar con
varios de los compañeros que asistieron al sepelio, resolvimos enviar
también a la
suerte, la siguiente comunicación:
CARTA DE LA GRATITUD
Cúcuta, 14 de
marzo, 2005
Señor:
ALFREDO CAÑÓN SIERRA
Nobsa, Boyacá.
E. S. M.
Inolvidable Profesor:
Aunque es nueva, a Usted le sorprenderá esta carta... por lo vieja
y los viejos que la
subscriben. Debimos haberla escrito desde hace cuarenta y seis años;
época en que los
integrantes de un grupo de más de treinta niños tuvimos el
orgullo de ser sus
alumnos. Quizás la alegría de haber ganado aquel quinto de
primaria no nos dio lugar
para expresarle lo bueno que fue Usted, lo maravilloso, lo espléndido
que fue en la
aplicación de aquella pedagogía que utilizó para nuestras
formaciones. De su cultura
y buenos modales, que fueron inmensos, lo único que tenemos para
reprocharle, y con
todo respeto, fue el no habernos enseñado la manera tan brusca como
pasa el tiempo.
Comprenderá que nuestra relación se dio desde el año
cincuenta y nueve, época en
que recién egresó de su Normal Pamplonesa y que fuimos nosotros
quienes estrenamos
sus habilidades de maestro. Los años, en un desfile de nostalgias
y alegrías, han
pasado por nuestros cuerpos, de tal manera que, poseyendo un promedio de
sesenta
calendarios, podemos justamente expresarle que terminadas las lozanías,
no nos
quedaron para Usted sino nuestras añoranzas. Nostalgias, porque de
aquel grupo de
niños, muchos ya se fueron. Y alegrías, porque quienes quedamos
en la vida, aún
tenemos el corazón que usted moldeó para rendirle los merecidos
agradecimientos.
La intención de esta vieja
carta se refiere a una invitación que queremos hacerle y
que nos sale del alma. Es que anhelamos verlo, abrazarlo, sentir de nuevo
los sonidos
de su voz en un lenguaje que haga más sencilla la matemática
o la biología y, por
supuesto, después, en un brindis de vino, de poemas y canciones,
situarnos en las
páginas del ayer para volver a ser felices. Alguien dijo que lo citáramos
a
Bucaramanga; otro que a Pamplona, lugar donde Usted pedagógicamente
se formó; pero
por una mayoría que se convirtió en unanimidad, estuvimos
de acuerdo que fuera el
pueblo en donde nos educó: Convención. Y para mayor dignidad
del encuentro, si usted
lo confirma éste se celebrará en la época en que el
citado lugar cumple sus
tradicionales años de fundación; el cinco y seis de noviembre
del presente 2005.
Ya son muchos años de
ausencia y la verdad es que su nombre todavía permanece en la
admiración no sólo de quienes fuimos sus alumnos sino también
de quienes le
conocieron. En medio de aquellos ?Consejos? que particularmente daba para
mostrar el
destino triunfal, su acción pedagógica también cubrió,
similar a las clases que
cotidianamente entregaba, diversos aspectos de una cultura que enriqueció
la
importancia de nuestra tierra. Suyos son los recuerdos de organizaciones
deportivas,
especialmente del básquetbol, de cuyos encuentros era usted generalmente
el árbitro.
Espacios sabatinos o dominicales de esparcimiento tan necesarios en una
localidad
visitada de vez en cuando por la violencia, fueron creaciones suyas, también
ampliadas
al fútbol, al maratón, a la visita geográfica de nuestros
paisajes y a otras formas
de enseñanza inherentes a la recreación. No obstante, lo que
mayormente se recuerda
en el ambiente cultural, es el hecho de haber sido Usted el autor de un
renacimiento en
el montaje y presentación de obras teatrales. ¿Recuerda a
?Damián, el leproso??,
¿a ?El Soldado de San Marcial??. ¡Inolvidables para nosotros!.
Como también
inolvidable el nombre de Mary Estela Barbosa, aquella niña que en
una obra hizo de
?hija del personaje principal?, protagonizado por usted; y que hecha ya
mujer,
falleciera en la ciudad de Barranquilla hace aproximadamente12 años.
Profesor Cañón,
porque la memoria no alcanza para archivar los nombres de los
estudiantes de toda una vida de tizas y tableros, como fue la suya y que
hará difícil
recordarnos; más aun, porque es imposible colocar en esta carta la
firma de quienes
ocupamos los bancos de aquel Quinto de Primaria, ya que estamos regados
por todo el
país; por ello le queremos confesar que telefónicamente nos
hemos contactado y
aprobado con gran entusiasmo la presente invitación. Todos estamos
felices en volverlo
a ver. Con Usted hablará el Dr. Miguel Ángel Trujillo, alumno
de esa época, y le
describirá los procedimientos para el viaje.
Esto que hacemos es una cuestión
espiritual, y es la consecuencia de haber tenido
profesores buenos; entre ellos el más inolvidable: Usted.
Respetuosamente:
Alumnos de Quinto de Primaria; año 1959
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LA RESPUESTA ANHELADA
Médicos, abogados, ingenieros,
maestros, empresarios nacionales y extranjeros hacen
parte de la ?cosecha? del profesor Cañón. Efectivamente, el
Dr. Miguel Trujillo,
quien fuera Gerente Nacional de la Croydon, telefónicamente me informó,
hace un mes,
que había averiguado y encontrado el lugar de su residencia, en Nobsa,
pueblo cercano
a Paipa, Boyacá. Comenta que al tocar la puerta, salió un
hombre de bigote y pelo
encanecidos, de estatura mediana y un timbre de voz que lo hacía
inconfundible: Era él.
-?¡A la orden!?, le dijo.
-?¡Señor...?, le respondió Miguel al verlo, ?.. le voy
a dar un dato:
?¡Convención, año 1959!?. Cuestión que al rememorar,
dio alegría a sus ojos y
que hizo contestarle:
-?¡Siga, siéntese!?, le invitó. A lo cual el alumno
respondió:
-?¡No me siento hasta cuando no le dé un abrazo a quien fuera
profesor mío en el
quinto de primaria!?. Se sentaron y enseguida le entregó la carta.
La leyó y al
terminarla, cuenta Miguel, tambaleó su voz en medio de un tartamudeo
sentimental.
-?¡Claro, claro que voy!?, respondió. ?¡A Convención
y sus gentes, a ustedes mis
alumnos, siempre los amé en mi memoria. Gracias, muchas gracias!?,
finalmente
expresó, después de haber traído infinitos recuerdos.
De manera, pues, que ese será
un encuentro para la evocación, para la ternura.
Programas especiales se abrirán en su honor; y nosotros, los alumnos
de aquel quinto
primaria de 1959, muchos de los cuales desde esa época no se han
vuelto a ver,
cumpliremos con la exigencia más noble del corazón:
La gratitud.
*albarry77@hotmail.com
